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martes, 12 de mayo de 2015

BREVIARIO XVI: "Extravío"; Alejandro Jodorowsky

EXTRAVÍO



Un ciego, con su bastón blanco, en medio del desierto, llora sin poder encontrar su camino porque no hay obstáculos.

miércoles, 6 de mayo de 2015

POEMA DÍA VI/V/2015:"La casa"; J.Hierro

POEMA DÍA VI/V/2015:"La casa"; J.Hierro


La casa

Esta casa no es la que era.
En esta casa había antes
lagartijas, 
jarras, 
erizos,
pintores, 
nubes, 
madreselvas,
olas plegadas, 
amapolas,
humo de hogueras...

Esta casa
no es la que era. 
Fue una caja de guitarra. 
Nunca se habló
de fibromas, 
de porvenires,
de pasados, 
de lejanías.
Nunca pulsó nadie el bordón
del grave acento: 
“nos queremos,
te quiero, 
me quieres, 
 nos quieren...”

No podíamos ser solemnes,
pues qué hubieran pensado entonces
el gato, 
con su traje verde,
el galápago, 
el ratón blanco,
el girasol acromegálico...

Esta casa no es la que era.
Ha empezado a andar, 
paso a paso.
Va abandonándonos sin prisa.
Si hubiera ardido en pompa,
 todos correríamos a salvarnos.

Pero así, 
nos da tiempo a todo:
a recoger cosas que ahora
advertimos que no existían;
a decirnos adiós, 
corteses;
a recorrer, 
indiferentes,
las paredes que tosen, 
donde
proyectó su sombra la adelfa,
sombra y ceniza de los días.

Esta casa estuvo primero
varada en una playa.
Luego,
puso proa a azules más hondos.
Cantaba la tripulación.
Nada podían contra ella
las horas y los vendavales.
Pero ahora se disuelve, 
como
un terrón de azúcar en agua.

Qué pensará el gato feudal
al saber que no tiene alma;
y los ajos, 
qué pensarán
el domingo los ajos, 
qué
pensarán el barril de orujo,
el tomillo,
 el cantueso,
 cuando
se miren al espejo y vean
su cara cubierta de arrugas.

Qué pensarán cuando se sepan
olvidados de quienes fueron
la prueba de su juventud,
el signo de su eternidad,
el pararrayos de la muerte.

Esta casa no es la que era.
Compasivamente, 
en la noche,
sigue acunándonos

BREVIARIO XV: "La ley del péndulo"; Ignacio Aldecoa.

LA LEY DEL PÉNDULO
George Bellows

Bajaban los sacos con un cabrestante. La escotilla portaba un cielo azul de verano, inhóspito como una gran sala vacía. En la bodega los estibadores, formando corro, abrían cancha al redón descendente. Urgidos por el capataz se abalanzaban sobre los sacos y los apilaban ordenada y rápidamente.
–Saco… estribor… arriba… Iuú…
Sentían el polvillo del trigo en los pulmones y carraspeaban de vez en cuando. Las manos se endurecían en la faena, se musculaban y tomaban fuerza.
–Saco… babor… arriba… Iuú…
Al ocaso entraba el segundo turno. En el ocaso, antes de que las luces del barco feriaran el trabajo, los estibadores miraban al cielo acuario como si fueran a emerger hacia el infinito.
Los estibadores se prestaban los chalecos de cuero y andrajos. Se despedían.
–¿Te entrenas?
–¿Te parece poco entrenamiento éste?
–A ver lo que haces en el próximo…
–Lo que se pueda.
–A ver cuando empiezas a ganar dinero y dejas esto.
–En seguida.
En el gimnasio penduleaba el saco de entrenamiento. El boxeador obedecía la voz del capataz.
–Saco… izquierda… derecha… arriba… abajo… Sigue… Para…
En los barcos y en los gimnasios se iba aprendiendo a vivir: fuerza, velocidad, pegada… Un poco más lejos el dinero… y entretanto de saco a saco como única esperanza.

martes, 5 de mayo de 2015

POEMA DÍA V/V/2015:"Hoy me sobra el corazón"; Miguel Hernández


POEMA DÍA V/V/2015:"Hoy me sobra el corazón"; Miguel Hernández




HOY ME SOBRA EL CORAZÓN 

Hoy estoy sin saber yo no sé cómo, 
hoy estoy para penas solamente, 
hoy no tengo amistad, 
hoy sólo tengo ansias 
de arrancarme de cuajo el corazón 
y ponerlo debajo de un zapato. 

Hoy reverdece aquella espina seca, 
hoy es día de llantos en mi reino, 
hoy descarga en mi pecho el desaliento 
plomo desalentado. 

No puedo con mi estrella, 
y me busco la muerte por las manos 
mirando con cariño las navajas, 
y recuerdo aquel hacha compañera, 
y pienso en los más altos campanarios 
para un salto mortal serenamente. 

Si no fuera ¿por qué?... no se por qué, 
mi corazón escribiría una postrera carta, 
una carta que llevo ahí metida, 
haría un tintero de mi corazón, 
una fuente de sílabas, de adioses y regalos, 
y ahí te quedas, al mundo le diría. 

Yo nací en mala luna. 
Tengo la pena de una sola pena 
que vale más que toda la alegría. 

Un amor me ha dejado con los brazos caídos 
y no puedo tenderlos hacia más. 
¿No veis mi boca qué desengañada, 
que incomformes mis ojos? 

Cuanto más me contemplo más me aflijo: 
cortar este dolor ¿con qué tijeras? 

Ayer, mañana, hoy 
padeciendo por todo 
mi corazón, pecera melancólica, 
penal de ruiseñores moribundos. 

Me sobra el corazón. 
Hoy descorazonarme, 
yo el más descorazonado de los hombres, 
y por el más, también el más amargo. 

No sé por qué, no sé por qué ni cómo 
me perdono la vida cada día. 

BREVIARIO XIV: "Mar"; Ana María Matute

MAR



Pobre niño. Tenía las orejas muy grandes, y, cuando se ponía de espaldas a la ventana, se volvían encarnadas. Pobre niño, estaba doblado, amarillo. Vino el hombre que curaba, detrás de sus gafas. “El mar -dijo-; el mar, el mar”. Todo el mundo empezó a hacer maletas y a hablar del mar. Tenían una prisa muy grande. El niño se figuró que el mar era como estar dentro de una caracola grandísima, llena de rumores, cánticos, voces que gritaban muy lejos, con un largo eco. Creía que el mar era alto y verde.
Pero cuando llegó al mar se quedó parado. Su piel, ¡qué extraña era allí! “Madre -dijo, porque sentía vergüenza-, quiero ver hasta dónde me llega el mar”.
Él, que creyó el mar alto y verde, lo veía blanco, como el borde de la cerveza, cosquilleándole, frío, la punta de los pies.
“¡Voy a ver hasta dónde me llega el mar!”. Y anduvo, anduvo, anduvo. El mar, ¡qué cosa rara!, crecía, se volvía azul, violeta. Le llegó a las rodillas. Luego, a la cintura, al pecho, a los labios, a los ojos. Entonces, le entró en las orejas el eco largo, las voces que llaman lejos. Y en los ojos, todo el color. ¡Ah, sí, por fin, el mar era de verdad! Era una grande, inmensa caracola. El mar, verdaderamente, era alto y verde.
Pero los de la orilla no entendían nada de nada. Encima, se ponían a llorar a gritos, y decían: “¡Qué desgracia! ¡Señor, qué gran desgracia!”.

lunes, 4 de mayo de 2015

BREVIARIO XIII: "Diez millones de automóviles"; Ramón Gómez de la Serna.

DIEZ MILLONES DE AUTOMÓVILES




El orgullo de la gran ciudad se había cumplido por fin. Ya tenía diez millones de automóviles.
Casi nadie pasaba por las calles y las aceras se habían suprimido. A lo más en algunas vías de la ciudad habían dejado una especie de alero para peatones desgraciados.
Pero aquella tarde de un domingo estival, caracterizado por una atmósfera pesada, los gases de los diez millones de automóviles intoxicaron toda la ciudad y los turistas que llegaron en la madrugada se encontraron con el triste espectáculo de todos los habitantes raseros de las calzadas, caídos en los sofás de sus coches, catalepsiados para siempre por la asfixia.

Publicado por primera vez en la revista Martín Fierro, nº 27-28 (10/5/1926). 

POEMA DÍA IV/V/2015:"Límites"; Juan Gelman

POEMA DÍA IV/V/2015:"Límites"; Juan Gelman 


Límites

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí la sed,
hasta aquí el agua?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el aire,
hasta aquí el fuego?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el amor,
hasta aquí el odio?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el hombre,
hasta aquí no?

Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas.
Sangran.